domingo, 24 de julio de 2011

100km en 24horas (III): Tres Cantos-San Sebastián de los Reyes

Al salir de Tres Cantos notas la adrenalina recorriendo tus venas: estás estresado. El hecho de ver a tan poca gente y, sobre todo, de salir con un retraso de 10 minutos sobre el tiempo límite te había influido. Decides llamar a tus padres, tenías varias llamadas que no pudiste atender antes. Ellos te dan ánimos a su manera, y eso te da fuerzas para seguir, para creer que esa desventaja temporal se podía superar. Al llegar a una encrucijada cercana al polideportivo, seguiste por la acera de enfrente, como te dijeron unos chicos de la organización. El camino resultó ser asfalto solitario y poco iluminado. A cada paso, sembrabas más dudas. No estabas seguro de que fuera la ruta correcta, ya que no encontrabas ninguna baliza, pero estabas a mitad de camino. ¿Qué hacer? Decidiste seguir avanzando hasta el primer cruce, que parecía estar cercano. Si no veías nada entonces, la habrías cagado. Y así fue. Sentiste una mezcla de rabia e impotencia, ya que fácilmente anduviste un kilómetro y medio fuera de mapa. "Cojonudo, más retraso aún". Tu ánimo cayó hasta el 30%, el tiempo era una losa encima de ti. Esta sensación, y la posibilidad de abandonar "porque no llegas a tiempo" te invadió...durante un minuto. Sabías que llegar o no estaba en tu mano, ¿y cómo se combate el retraso? Espabilando. Decidiste volver de vuelta hasta el punto de cruce corriendo. Una vez que llegaste, te diste cuenta de que el camino real estaba escondido tras unos matorrales. Le dedicaste mentalmente algunas palabras poco agradables a la gente de la organización, y te introdujiste en la vereda. Estabas de nuevo en ruta, vuelves a respirar.

Envalentonado, volviste a recordar la frase que te llevabas repitiendo todo el camino. "Si llego a Sanse, está hecho". Se había convertido en una creencia firme para ti, y te vienes arriba. Pero primero había que llegar...

Continúas la estela de luz que dejaban las barras de luz fría en el camino de tierra...hasta que dejaste de verlas. "¿Cómo puede ser? ¿Otra vez me equivoqué?". No había dudas, no veías ningún tipo de baliza. El agobio y el recuerdo de lo que te acababa de pasar te volvían a abrazar. "Tranquilo", pensaste. Sólo tenías que volver sobre tus pasos hasta la última baliza para ver qué hiciste mal. Esta vez no te preocupaste por el tiempo, sino simplemente por dejar de perderte.

En ese momento pensaste en lo solo que estabas, y lo bien que te vendría alguien para acompañarte durante el duro tramo nocturno que se avecinaba. Inmerso en esta reflexión, miraste hacia Tres Cantos, suplicando al Universo que te enviase a alguien. De pronto, a lo lejos divisaste una luz intensa que avanzaba frenéticamente hacia ti en un movimiento de arriba a abajo. Esa luz se fue transformando paulatinamente en una figura. Esta silueta, finalmente, acabó dando paso a un participante con dos bastones, venía realizando con brío la marcha nórdica. Se trataba de Paco. Tú entonces no lo sabías, pero Paco se convertiría en un factor fundamental para ti más adelante. Decidiste presentarte, y él no tuvo ningún problema en acompañarte. Te bastaron 30 minutos de conversación para darte cuenta de que habías dado con la persona ideal para continuar tu camino. Paco era una persona muy comunicativa, afable, increíblemente generosa, y te transmitía mucha confianza.

Reanudasteis la marcha con brío, a más de 6km/hora. Parecía imposible que vuestros ritmos de marcha además fuesen tan compatibles. Los siguientes kilómetros los hiciste fluyendo absolutamente. Te sentías bien, con fuerzas, con ánimo. El haberte encontrado con tu nuevo compañero tuvo mucho que ver, desde luego. Acordasteis parar cuando fuera necesario y comunicar en todo momento nuestras necesidades, en una demostración de sinergia total. Las conversaciones iban y venían. Hablasteis de vuestras vidas, vuestro mundo, vuestra forma de ver las cosas. La cosa pintaba bien.

Fue a la altura del kilómetro 60 cuando notaste que la marcha se iba haciendo cada vez más pesada: los músculos en tus piernas empezaban a contracturarse, y tu compañero sospechaba, aunque nunca quiso comprobarlo, que le estaba naciendo una ampolla en su pie. Vuestro ritmo de carrera bajó, probablemente hasta los 5km/h, quizás menos en algún momento. El único objetivo era llegar al siguiente avituallamiento. Pero los pasos se empezaban a hacer eternos.

El siguiente tramo fue especialmente duro. Al atravesar una alameda, escuchasteis el sonido del río, y no pudiste evitar estremecerte al notar cómo bajó la temperatura. Ni el forro polar ni la activación de tu cuerpo conseguían hacerte entrar en calor. Atrás dejasteis a un hombre que no podía con su alma, se pensaba retirar en San Sebastián. No quisimos decirle lo que aún le quedaba...lo cierto es que ni nosotros mismos estábamos seguros de ello. Notas que te falta energía cuando te das cuenta de que estás hablando mucho menos de lo normal. El frío y el cansancio te estaban mermando. A lo lejos, se ve San Sebastián. Parecía cercano, pero el constante vaivén de las colinas que no parabais de subir os confundía. Desesperante.

Cuando pensabais que os quedaban aún 5 km para llegar al polideportivo, divisaste un cartel de la organización que os daba la bienvenida. Veías luz, gente...no podía ser. ¡Habíais llegado! Rápidamente entrasteis, sin coger siquiera las mochilas de avituallamiento, y os dirigisteis a tomar un buen caldo de pollo que os haría entrar en calor. Aquel vaso te devolvió a la vida. Ya estabas en San Sebastián de los Reyes, al fin. Según tú, ya sólo quedaba restar menos de 30km, lo más duro habría pasado... ¿O no?

Ánimo: 70%. Estado físico: 50%.

jueves, 16 de junio de 2011

100km en 24horas (II): Colmenar Viejo-Tres Cantos

Saliste con aires bastante renovados de aquel polideportivo. La temperatura cálida del agua te había devuelto a la vida. En tu mente, una única meta: llegar a Tres Cantos. El ánimo te empujaba, saliste con paso lento para reanimar lentamente tus enfriados músculos, y mientras te ibas comiendo aquel bocadillo que te preparaste para motivarte, comenzaste a hablar con un par de chicos que iban juntos en la carrera. Te contaron que su fallo del año pasado fue que empezaron con un ritmo demasiado fuerte, y no pudieron terminar. 'Por eso no debo preocuparme entonces', pensaste mientras te reías dentro de tu cabeza. Anduviste junto a ellos los 5km que os separaban del siguiente punto de avituallamiento, donde tomaste un bote de Gatorade y una barrita de almendras. A esto último lo calificaste de 'innecesario', pero sabías que tu cuerpo podría fallar sin avisar si no le ibas dando combustible periódicamente. En ese punto, tus acompañantes se detuvieron para refrescar sus pies. Tú decidiste continuar la marcha: te veías fuerte y cómodo. Además, el terreno ya lo habías recorrido alguna que otra vez.Ánimo:90%. Estado físico: 90%.

Durante el resto del camino fuiste solo, y para entretenerte, creaste un juego en tu mente que consistía en pensar qué acciones ibas a realizar en el siguiente punto de avituallamiento: masajear tus pies, beber, echarte reflex aquí o aquí, comer algo, estirar, cambiarte de calcetines, guardar alguna botella en la mochila...de esta forma te obligabas a escuchar constantemente a tu cuerpo. Ibas vigilando, como habías hecho desde el principio, a tu ingle derecha. Desde que empezaste el reto notaste un pequeño dolor, de intensidad 2 sobre 10, que nunca llegó a aumentar, pero tampoco desaparecía No te preocupaba especialmente, pero no estaba de más hacer un seguimiento periódico.

La estrategia parecía clara: ahora que ibas solo, aprovecharías para caminar con paso alegre mientras las piernas te lo permitieran, teniendo únicamente en tu cabeza como objetivo final llegar a Tres Cantos. Para ti, no había nada más...de momento. Era demasiado pronto para pensar en los 100. Por ahora, te tocaba disfrutar sin pensar en nada lejano.

Está atardeciendo, el paisaje no puede ser más espectacular. Decides grabarte un vídeo contando tu situación para entretenerte, y mientras tanto saboreas el suave calor que comienza a evaporarse. Cae la noche. Decides que, ahora que queda poca luz, es el momento ideal para ponerte en 'modo nocturno': te quitas la gorra y las gafas, sacas el frontal y el forro polar, y el buff pasa de estar en tu cabeza a cubrir tu cuello. Todo preparado para continuar sin sol.

Por el camino hubo mucha gente que te llamó para ofrecerte su apoyo, lo cual agradeciste por los ánimos, y sobre todo por la compañía. A lo largo del recorrido, sólo se divisaban barras de luz fría que alumbraban tu horizonte. Y a lo lejos, y cada vez más cerca, las luces de Tres Cantos.

Llegas fresco al polideportivo. 52km llevan tus piernas a cuestas. Rápidamente buscas tu mochila, número 524. Te sientas, sacas el contenido de tu equipaje y te quitas las zapatillas para airear tus pies. Problemas: un par de ampollas comienzan a nacer. Hasta ahora habías salvado un par de rozaduras con compeeds, pero esto podía llegar a ser más grave.

Decidiste que no era buena idea jugártela, ya que aún te quedaba la mitad del camino por delante, por lo que después de darte una buena ducha, fuiste a los servicios de atención médica. Más problemas: mucha gente en la cola. No podías hacer nada más que aguantarte. Lo peor es que todo el colchón de tiempo que habías ganado, lo podías perder ahora, pero era lo que tocaba. O eso o podía que no acabaras. Tras 40 agónicos minutos de espera, te atendieron los trabajadores de Protección Civil, increíbles profesionales y mejores personas. Te hicieron un par de apaños para que no te molestase demasiado al andar, y listo.

Era el momento de irse, pero ¡mierda! ¡Se te había olvidado sellar el rutómetro al llegar, qué cagada! ¿Qué hora es? Las 00:40...¡joder, el polideportivo cerraba hace 10 minutos! Bueno, calma, te sellarán igual. En efecto, tu papel fue sellado, pero tu problema mayor no era ese...habías ido todo el rato rozando el límite, pero esta vez la espera con los ampollólogos te había retrasado mucho. Ahora saldrías 10 minutos por debajo del tope, lo que sólo significaba una cosa: O espabilas o no llegas.
Por delante de mí, 23km hasta San Sebastián de los Reyes. Ánimo:80%. Estado físico: 75%.

Continuará...

martes, 14 de junio de 2011

100km en 24horas: Colmenar Viejo-Colmenar Viejo

No sabes exactamente por qué, pero aquel día decidiste apuntarte a ese reto. Seguramente porque buscabas ponerte al límite, porque implicaba una actividad física y porque se realizaba al aire libre. Es un cóctel que siempre te ha encantado.

Aquel viernes por la noche, antes de que todo empezara, decidiste revisar tus mochilas. Con las provisiones listas y la vestimenta con la que comenzarías el día siguiente encima de la silla repasaste unas fotos, leíste unas líneas de ese libro que nunca parece acabar, y te fuiste a dormir. ¿Sería casualidad que soñases aquella noche con superar la prueba?

Fue Alberto quien te despertó. Llegó 10 minutos antes de la hora prevista. Desayunaste, y cargado con las 4 mochilas, te pusiste rumbo a Colmenar Viejo. Al llegar a la estación, Iván os esperaba. El equipo estaba completo, los corazones comenzaron a bombear con fuerza, en señal inequívoca de la excitación que suponía el reto que teníais por delante. Recogisteis los dorsales, las bolsas de avituallamiento y el rutómetro. Colocaste cada mochila en su destino adecuado, y los últimos minutos los aprovechaste para embadurnarte de crema solar y masajear tus pies con vaselina y crema reparadora. Calentaste. Aquel gemelo te había estado dando guerra durante la semana, pero ese sábado parecía que todo dolor había desaparecido. Miras a tu alrededor, y observas que, entre los participantes, hay un hombre descalzo y, muy cerca de ti, un hombre ciego abrazado a su guía. Piensas en ellos como un ejemplo increíble de superación, y te repites que tú hoy crearías el tuyo propio. Comienza la prueba. Ánimo: 100%. Estado físico: 100%.



Durante el primer tramo, el que resultó ser más duro, todo era ilusión, adrenalina, esperanzas...con la compañía de tus amigos, saboreaste cada brisa en aquel día tan soleado. Al salir del polideportivo de Colmenar, escuchaste a tu espalda: 'ya sólo quedan 50 personas'. Entonces preguntaste en voz alta:'¿Me estáis diciendo que por delante de nosotros ya hay 1200 personas?' Alguien se rió. En aquel momento, se te grabó a fuego una frase que tendrías que recordar más de una vez durante aquellas 24 horas: 'Aquí ganará quien acabe la prueba. Mi único rival soy yo mismo.'

No contemplaste nunca la opción de hacer los 100km de una tacada. Tu estrategia mental pasaba por llegar al siguiente polideportivo, considerando los distintos avituallamientos como metas volantes que te irían marcando el ritmo que deberías seguir.

El primer avituallamiento ya os indicaba que vuestro ritmo era bajo, llegasteis 10 minutos antes de su cierre. Esto creó un componente de estrés adicional que no ayudó en nada: las paradas fueron atropelladas, contadas con cuenta gotas y poco eficientes. Con el tiempo, los distintos errores fueron pasando factura: Alberto tenía molestias en sus pies, e Iván en su espalda. Comienzan sus dudas y tu incertidumbre. ¿Cómo acabará esto?



En un tramo precioso desde donde divisabais el castillo de Manzanares El Real, os encontrasteis con un abuelo de 70 años que portaba una mochila de la Maratón Popular de Madrid. No pudiste resistir la tentación de preguntar. En efecto, el abuelo era una máquina. Había hecho este camino varias veces, y te insistió en que ibais mal de tiempo. La experiencia es un grado, lo que hizo que tu estrés inevitablemente aumentara. Mientras tus hormonas bombeaban tu corazón, el abuelo os dejó atrás corriendo. Tus ojos no podían creer lo que veían...'hay ejemplos de superación everywhere', pensaste. Íbais mal de tiempo, y tus compañeros iban fastidiados. Mal panorama para el equipo.

Fue a falta de 10 kilómetros para acabar el primer tramo, mientras pasabas junto a una via ferroviaria, cuando supiste que era hora de tomar ciertas decisiones. Tus compañeros te apoyaron en todo momento para que siguieras solo, pero a ti te costaba hacerlo. Te llevaba costando desde hacía algunos kilómetros atrás. ¿Qué vas a hacer? ¿Les abandonas? ¿Qué ibas a solucionar quedándote ahí? Decidiste compartir tus dudas con tus compañeros, tenías que tomar una decisión YA. Te arrimaste a Iván, y le comentaste todas tus preguntas interiores. Él te miró fijamente, y te dijo 'tú tira, nosotros no vamos a acabar, estamos muy jodidos. Te veo muy bien, lo vas a conseguir'. Esas palabras se te grabaron a fuego. Decidiste despedirte apenado de tus compañeros, y cogiste sus palabras y su recuerdo como la mayor motivación para seguir. Tenías que hacerlo, su esfuerzo lo merecía. Y el tuyo también.

Emprendiste la marcha, y continuaste los últimos 10km a una velocidad superior a los 7km/h. A medida que adelantabas a la gente, veías el objetivo más cercano. Los avituallamientos se habían convertido en puntos de pasada, en lugar de puntos de parada. No había cansancio, sólo estrés, del positivo, del que 'te pone'. Y durante esos últimos kilómetros hasta regresar a Colmenar, no dudaste ni un segundo que ibas a conseguir el reto, desde la humildad, siendo consciente de que sólo podrías pensar en el siguiente polideportivo.

Recuerdas entonces la frase de Josef Ajram, 'Lo importante es terminar lo que empiezas', y sabes que ese sería otro apoyo para el resto del viaje en momentos de debilidad. También recuerdas los consejos de mucha gente acerca de nosequé de tener cabeza, o algo así...sabías que tendrías que esforzarte en saber parar si fuera necesario. Pero en la soledad, te preguntabas dónde estaba la frontera entre el 'debo parar de verdad' y el 'mi cabeza me está dando excusas para no seguir'. Siempre has tenido esa duda. Siempre lo cuestionas. Hoy, quizás tendrías que hacer un esfuerzo extra más adelante para responder a esa pregunta.

Estás en Colmenar, al fin. Los últimos 2km por carretera se te hicieron imposibles, infinitos. Odias el asfalto. Sólo querías llegar para darte una ducha. De camino, te encuentras de nuevo al abuelo de 70 años. Te repite que ya vas tarde. En lugar de estresarte, esta vez sonríes: de nuevo estás dentro del partido, has llegado dentro del margen de tiempo: 35km en 7h y 40 min. Ahora sólo queda refrescarte, tratar tus pies, coger comida de tu mochila en el polideportivo, cambiar de ropa y seguir la marcha. Ánimo: 90%. Estado físico: 90%. Siguiente objetivo: 15km hacia Tres Cantos.

Continuará...

miércoles, 16 de febrero de 2011

¿Estás conectado?

Desde luego, hoy en día, con las nuevas tecnologías, Internet, los smartphones, los chats, los correos electrónicos y los GPS es difícil no estarlo....

¿O es ahora más difícil que nunca?

jueves, 10 de febrero de 2011

Caminando

Caminando entre brasas, caminando.
Unos días hacia delante, otros hacia atrás.
Pero siempre caminando.
Quizás buscando un sentido, una respuesta.
Quizás simplemente soñando...
Temblando, abrazo la improbabilidad
de encontrar luz en esta noche oscura.
Oscura, y tan fría...
Y mis pies, confusos, siguen su impulso, y caminan.
Porque andando se hace el camino, dicen,
aunque a veces pienso que está en la naturaleza de un pie
la atracción por recorrer kilómetros y kilómetros,
sin importar dónde,
sin importar para qué.
Para qué, para qué...
Y finalmente, tras tanto surrealismo,
continúo mi camino espiral.
Sin destino, sin razón.
Pero eso sí...caminando.

miércoles, 5 de enero de 2011

El viajero del tiempo

A continuación transcribo una de las últimas creaciones de un genio que es capaz de poner en palabras sentimientos, vivencias y aprendizajes como nadie: mi amigo Manuel Casquero. Me he permitido la libertad de poner en negrita las frases que más me han llegado. Gracias, Maestro...

El tiempo no pasa, pasamos nosotros. Existió alguna vez un personaje que por miedo a envejecer se obsesionaba con la idea de parar el tiempo y detener su vida. Para ello, se desplazó a un desierto donde solo le rodeaban un inmenso mar de arena que abrazaba con su relieve de dunas, el espejo radiante de una azul sediento. En este estado de soledad y de profunda conciencia, no existía la sombra de otro ser humano, ninguna huella de la historia de la civilización, ningún sonido, ningún recuerdo. Cerró profundamente los ojos, creyendo que en ese esfuerzo visual, y negando sus emociones conseguiría paralizar su vida. Pero al volverlos abrir, se dio cuenta que por ese cielo infinito, antes ausente y vacio, desfilaban en forma de nubes cada uno de los recuerdos de su infancia. También percibió nubes de su presente más reciente, de sus dudas existenciales de sus pequeños y grandes miedos, y por último, intentado vislumbrar nubes que explicaran su futuro, el cielo se fue apagando con llamaradas naranjas y violetas de insatisfacción. Sin darse cuenta, el crepúsculo se había adueñado de él. Y, en vez de sentir nostalgia, añoranza o impaciencia, se sintió aún más unido desde el abrazo de la arena caliente al origen del universo.


La vida no se detiene porque no nos detenemos nosotros. Cuando menos se lo esperó notó que unas gotas bañaban sus iris... No era polvo del desierto, no era rocío de la madrugada, no eran gotas de lluvia, simplemente estaba llorando. Por primera vez, al intentar detener la vida, la sintió de verdad. Y dando ritmo a su propio tiempo, prestándose a si mismo una nueva oportunidad para vivir, descubrió la verdadera correspondencia entre nuestro universo interior, más emocional y etéreo con todo lo material, circunstancial y racional que nos rodea. Solo recibimos lo que damos y cuando menos lo esperamos nos salpica con su espuma nostálgica de días y noches, ese rio caudaloso “llamado tiempo”. "La vida no se detiene en la soledad, en la ausencia de nosotros mismos, ni tan siquiera en su crepúsculo, porque cuando anochece en nuestra existencia nuestra luz interior flota como nubes hasta volver a encontrar su origen en el universo. “La vida no nos vive a nosotros, somos nosotros los que vivimos la vida."

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Las pruebas del Universo

Ayer, me di cuenta de que el Universo es sabio. Observé que de manera constante, a lo largo del día, me estuvo ofreciendo pruebas. ¿Pero pruebas para qué? Pruebas para reafirmar quién soy, pruebas para aumentar mi autoestima, pruebas para encontrar mi camino, pruebas para superarme, pruebas para ser más creativo, pruebas para hacer mis sueños realidad.
Y al traer a mi conciencia esta observación, de igual manera me di cuenta de cuántas de estas pruebas elijo no superar diariamente: cuando no hago las cosas todo lo bien que podría, cuando pospongo lo urgente por pereza, cuando le quito importancia a lo que de verdad la tiene, cuando abandono mis expectativas por ver barreras que no existen.
Lo genial es que esas pruebas no están ahí en vano: están ahí para que APRENDAMOS. Lo triste, realmente, es dejarlas pasar de una manera improductiva. Yo hoy elegí enfocarme en estas pruebas, y elegí sentirme mejor a través de su consecución. Y ha funcionado. Mi experiencia me dice que escuchar y seguir las señales que el Universo nos manda siempre es positivo. El ejercicio difícil consiste en observarlas.
Te invito, pues, a que reflexiones: ¿qué pruebas has dejado pasar hoy? Recuerda que puedes utilizar TODO para avanzar.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Mi deseo de Navidad

Mi deseo de Navidad este año lo voy a dejar en palabras de Sergio Jockyman (aunque en algunos sitios se les atribuye a Victor Hugo erróneamente). Te deseo...

Te deseo primero que ames,
Y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
Y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que si es,
Sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,
Y que, incluso malos e inconsecuentes,
Sean valientes y fieles, y que por lo menos
Haya uno en quien puedas confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,
Te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
Para que, algunas veces, te cuestiones
Tus propias certezas. Y que entre ellos,
Haya por lo menos uno que sea justo,
Para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil,
Más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
Cuando no quede más nada,
Esa utilidad sea suficiente
Para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante;
No con los que se equivocan poco,
Porque eso es fácil, sino con los que
Se equivocan mucho e irremediablemente,
Y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
Sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven
No madures demasiado deprisa,
Y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
Y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
Y su dolor y es necesario dejar
Que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
Que la risa diaria es buena,
Que la risa habitual es sosa y
La risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
Con urgencia máxima,
Por encima y a pesar de todo,
Que existen, y que te rodean,
Seres oprimidos,
Tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro,
Alimentes a un pájaro
Y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal,
Porque de esta manera,
Sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
Por más minúscula que sea,
Y la acompañes en su crecimiento,
Para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
Porque es necesario ser práctico.
Y que por lo menos una vez por año
Pongas algo de ese dinero frente a ti y digas:
"Esto es mío",
Sólo para que quede claro
Quien es el dueño de quien.

Te deseo también
Que ninguno de tus afectos muera,
Pero que si muere alguno,
Puedas llorar sin lamentarte y sufrir
Sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que,
Siendo hombre, tengas una buena mujer,
Y que siendo mujer, tengas un buen hombre,
Mañana y al día siguiente,
Y que cuando estén exhaustos y sonrientes,
Hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
No tengo más nada que desearte.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Letanía 'by heart'

Aquí un precioso poema....

You are the bread and the knife,
the crystal goblet and the wine.
You are the dew on the morning grass
and the burning wheel of the sun.
You are the white apron of the baker,
and the marsh birds suddenly in flight.

However, you are not the wind in the orchard,
the plums on the counter,
or the house of cards.
And you are certainly not the pine-scented air.
There is just no way that you are the pine-scented air.

It is possible that you are the fish under the bridge,
maybe even the pigeon on the general's head,
but you are not even close
to being the field of cornflowers at dusk.

And a quick look in the mirror will show
that you are neither the boots in the corner
nor the boat asleep in its boathouse.

It might interest you to know,
speaking of the plentiful imagery of the world,
that I am the sound of rain on the roof.

I also happen to be the shooting star,
the evening paper blowing down an alley
and the basket of chestnuts on the kitchen table.

I am also the moon in the trees
and the blind woman's tea cup.
But don't worry, I'm not the bread and the knife.
You are still the bread and the knife.
You will always be the bread and the knife,
not to mention the crystal goblet and--somehow--the wine.

(Billy Collins)

Y aquí la persona que mejor lo recita...

lunes, 22 de noviembre de 2010

11 cosas que no se aprenden en la escuela

Una persona bastante famosa fue a un colegio a dar una conferencia. Lo que iba a ser una lectura supuestamente larga, duró menos de 5 minutos, aunque provocó aplausos durante 10 minutos. Habló acerca de esas lecciones que sólo te enseña la vida, y que a veces tenemos que aprender a base de palos.

No está de más escuchar los consejos de una persona de éxito como es Bill Gates.
  • REGLA 1: La vida no es fácil, acostúmbrate a ello.
  • REGLA 2: El mundo no está preocupado por tu autoestima. El mundo espera que hagas algo útil por él ANTES de sentirte bien contigo mismo.
  • REGLA 3: No ganarás 20.000 $al mes nada más por salir de la escuela. No serás vicepresidente de una empresa con coche y teléfono a tu disposición, hasta que con tu esfuerzo hayas conseguido comprar tu propio coche y teléfono.
  • REGLA 4: Si crees que tu profesor es duro, espera a tener un Jefe. Ése sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.
  • REGLA 5: Vender papel usado o trabajar los días festivos no es ser lo último en la escala social. Tus abuelos tenían una palabra diferente para eso: lo llamaban oportunidad.
  • REGLA 6: Si te equivocas, no le eches la culpa a tus padres o a la mala suerte. Por lo tanto no lloriquees por tus errores, aprende de ellos.
  • REGLA 7: Antes de nacer tú, tus padres no eran tan críticos como ahora. Ellos se volvieron así por pagar tus cuentas, lavar tus ropas y oírte decir que son “ridículos”. Por tanto, antes de salvar el planeta para la próxima generación, queriendo remediar los errores de la generación de tus padres, comienza limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación.
  • REGLA 8: La escuela puede haber eliminado la distinción entre excelentes, buenos y regulares, pero la vida no es así. En muchas escuelas hoy no repites el curso, hacen que tus tareas sean cada vez más fáciles y tienes las oportunidades que necesites hasta aprobar. Esto no se parece en nada a la vida real. Si fallas, estás despedido. Así que acierta a la primera.
  • REGLA 9: La vida no está dividida en bimestres. Tú no tendrás largas vacaciones de verano y no encontrarás quien te ayude a cumplir con tus tareas, ni jefes que se interesen en ayudarte para que te encuentres a ti mismo. Todo esto y mucho más, tendrás que hacerlo en tu tiempo libre.
  • REGLA 10: La televisión NO es la vida real. En la vida real, las personas tienen que dejar los juegos, el bar, los bailes o los amigos, para irse a trabajar.
  • REGLA 11: Sé amable con los estudiosos (aquellos estudiantes que tú y muchos otros juzgan que son sosos). Existen muchas probabilidades de que termines trabajando PARA uno de ellos.