martes, 22 de diciembre de 2009

¡No tengo tiempo! (I)

¿Cuántas veces hemos oído, o incluso pronunciado, esta frase? Y la realidad es que el día tiene 24 horas igualmente para todo el mundo; sin embargo, todos tenemos algún ejemplo de alguien que parece "tener tiempo" para todo. ¿Dónde estará el truco?

En primer lugar, es importante darse cuenta de lo siguiente: no existen pérdidas de tiempo, sino decisiones personales de cómo utilizarlo. La pregunta no es ¿por qué no tengo tiempo?, sino ¿para qué no tengo tiempo? Lo que yo haga con mis 24 horas, es responsabilidad mía y, por tanto, soy la única persona capaz de cambiar mi gestión del tiempo, si es que ésta no me convence.

Una clave fundamental es dejar de pensar en "tengo que" y transformarlo en "quiero". Me explico: cuando yo digo "Tengo que ir a tal reunión", insconscientemente me estoy comunicando que no me apetece, que lo hago para cumplir, que estoy obligado....en definitiva, que estoy perdiendo mi tiempo y mi capacidad de decisión y control sobre la situación. Si esa reunión fuese realmente importante, bien podría transformar la frase en "Quiero ir a tal reunión". De esta forma, ¿qué me estoy comunicando? Pues primero que yo elijo emplear mi tiempo en ello, y segundo, que es algo que me va a proporcionar un cierto beneficio (ya sea social, personal, sentimental o laboral). De esta forma, tendré la sensación de "emplear mi tiempo en algo", no de malgastarlo.

Hay, además, algunos aspectos y algunas actitudes personales que nos roban tiempo. Es importante tomar conciencia de aquellos que más nos afectan, como por ejemplo podrían ser:
  • No tener claras nuestras prioridades
  • No saber decir "NO"
  • Desplazamientos desaprovechados
  • Olvidos y mala planificación
Otro aspecto muy importante es saber defendernos de los llamados ladrones de tiempo: son personas o actividades (e-mail, videojuegos, redes sociales...) que frecuentamos y que, lejos de aportarnos algo, consumen nuestro tiempo vital, y en ocasiones, nuestra energía.

La gestión de nuestro tiempo, además de convertirnos en personas más efectivas, nos da seguridad, confianza y sensación de control en nuestras vidas. Debemos, para ello, ser conscientes de qué aspectos podemos mejorar, trabajar hábitos y comprometernos con un plan de acción personal.


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