viernes, 9 de julio de 2010

El sendero con corazón

El siguiente texto habla acerca del camino con corazón, ese camino que, de alguna forma, sabemos que debemos (y en el fondo queremos) tomar. Es tu intuición. Es esa fuerza incomprensible e imparable que te guía hacia un lado u otro. La dificultad consiste en saber interpretar las señales que el Universo nos da constantemente, y no oponernos a ellas con excusas, justificaciones y autoengaños. El que no las veamos, no quieren decir que no existan. Estoy absolutamente seguro de que el sendero con corazón es el único que nos puede guiar hacia la felicidad. Lo importante no es llegar al final del sendero, sino recorrerlo.

Cada cosa es un sendero entre un millón. Por lo tanto, tú debes siempre recordar que un sendero es sólo eso: una senda. Si sientes que no debes seguirlo, no deberás permanecer en él bajo ningún tipo de condiciones.

Para poseer tal claridad, deberás llevar siempre una vida disciplinada. Sólo entonces llegarás a saber que una senda es sólo una senda, y que no debe haber afrenta para ti ni para otros por abandonarla, si eso es lo que tu corazón te pide. Pero tu decisión de seguir en la senda o de abandonarla, deberá estar libre de temores y ambiciones.

Te advierto. Debes mirar cada sendero con mucha atención. Pruébalo tantas veces como lo creas necesario. Luego pregúntate a ti, y a ti solamente, una pregunta. Esa pregunta es una que sólo haría un hombre de mucha edad. Mi benefactor me la hizo cuando yo era joven y mi sangre era muy vigorosa para que la entendiera. Ahora la comprendo y te la repetiré. ¿Tiene corazón este sendero?

Todas las sendas son iguales; no conducen a ninguna parte. Son senderos que cruzan el matorral o se internan en el matorral. En mi propia vida puedo afirmar que he recorrido senderos largos, muy largos, pero no he llegado a ninguna parte. La pregunta de mi benefactor tiene ahora sentido. ¿Tiene corazón este sendero? Si lo tiene, el sendero será bueno. Si no, no sirve.

Ambos senderos conducen a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno significará un viaje alegre; mientras lo recorras, serás parte de él. El otro puede arruinar tu vida. Uno te hará fuerte; el otro te debilitará.

El problema es que nadie se hace la pregunta, y cuando un hombre termina por comprender que ha seguido un sendero sin corazón, dicho sendero ya está por matarlo. En ese punto, son pocos los hombres que pueden detenerse a pensar y abandonar el sendero.

Una senda sin corazón nunca podrá ser disfrutada. Tendrás que esforzarte incluso para recorrerla. En cambio, una senda con corazón es fácil, no te obligará a esforzarte para gustar de ella. Para mi sólo tiene sentido recorrer los senderos que tienen corazón. En cualquier senda que pueda tener corazón, allí viajaré, y el único desafío que vale la pena, es recorrerla en toda su extensión.

Y allí viajaré, buscando, buscando sin aliento.

3 comentarios:

Alberto dijo...

Al fin y al cabo se trata de caminar siempre, pero hay un trecho entre hacerlo con una sonrisa en la cara o con lágrimas en los ojos.

¡Gracias por compartir el relato!

Oso dijo...

Lo hemos comentado hace un rato. Lo difícil en estos casos es sentir qué senda es la que tiene corazón, porque a veces crees que vas por la correcta y cuando te das cuenta, te encuentras con que la senda no continúa y no puedes seguir.

En estos casos lo que hay que hacer es dar unos cuantos pasos hacia atrás, coger carrerilla y saltar hasta otra senda.

Pronto daremos el salto...

Un abrazo.

Beatriz dijo...

Precioso Felipe, como tu corazón.
Un abrazo 4.
Bea