martes, 8 de mayo de 2012

¿Por qué quejarte no te ayuda?

A menudo ocurre que nos quejamos por todo: porque el metro llega tarde, porque los precios suben, por la crisis, porque todo nos sale mal...Y yo me planteo, ¿de qué sirve la queja? Lo cierto es que la queja es una válvula de escape ante la rabia que puede suscitar en nosotros un hecho negativo. Es una especie de ayuda para "sacarlo fuera". Pero toda queja también tiene su lado oscuro...

Cuando te quejas, en el fondo y de forma inconsciente, te estás diciendo a ti mismo que ese hecho, que está fuera de tu control, te afecta. ¡Y claro que te afecta! Ahora bien, una cosa es que te afecte y otra muy distinta es que tu vida dependa de ello. Cuando te quejas, estás alimentando la creencia de que no controlas tu propia vida, puesto que hagas lo que hagas, siempre habrá algo que te joderá el día. 

Este hecho camina sobre la delgada línea del victimismo. Seguro que conoces a la típica persona que se pasa todo el día quejando por todo, como si el mundo estuviera en su contra, como si no pudiera hacer nada para evitar las cosas que le ocurren. En realidad, este comportamiento es un mecanismo de defensa para no asumir su responsabilidad. Es más fácil quejarse por todo que actuar para que las cosas cambien.

En resumen, las quejas hacen que pierdas el control sobre tu vida y evitan, en muchos casos, que puedas tomar decisiones para cambiar la situación que no te gusta, limitando tu responsabilidad y mermando tu autoestima.

Hay quejas adaptativas y muy sanas (como por ejemplo, cuando nos quejamos por un mal servicio en un restaurante). La clave en esta distinción es preguntarnos si quejarnos va a servir de algo. Porque si la respuesta es NO, estaríamos tirando piedras contra nuestro propio tejado, al sentirnos, sin quererlo,  impotentes e incapaces. 

Nosotros somos los dueños de nuestras propias vidas y tenemos el poder de decidir qué nos afecta y qué no, y de qué manera. Usemos ese poder para potenciarnos, no para limitarnos.


4 comentarios:

Alberto Fernández dijo...

Me resulta curioso el hecho de la queja y lo que le rodea, yo que he sido un quejica casi diríamos profesional.

La queja que no aporta nada, esa que tan bien describes, es la que más usamos y aquella, la que de verdad aportaría una información valiosa, solemos callarnosla.

No nos importa quejarnos a nosotros mismos y a los demás cuando el quejido no es valioso, ahora bien, cuando por ejemplo, ante un mal servicio deberíamos quejarnos a la persona responsable, solemos dirigir nuestra queja contra las peronas que nos rodean y no contra la culpable. ¿Curioso no?

Un abrazo sensei ;)

Feliun dijo...

Gracias por tu comentario, Alberto. Pues sí, en efecto es curioso que a veces, cuando más nos tenemos que quejar, es cuando más callados nos quedamos,

Un abrazo

Betisman dijo...

Yo me quejo por todo, ya me conoces. Pero también sabes que, cuando lo hago, siempre es con vistas a liberarme y que acabo tirando "pa'lante" con lo que sea. Y cierto es el comentario de Alberto y a mí me pasa, me quejo mucho "por lo bajini", en lugar de hacerlo a la cara de la persona a la que debería.

Feliun dijo...

Gracias por tu comentario, Betisman!! La autocrítica siempre es muy positiva, especialmente si sirve para mejorar. Un abrazo muy grande.